CARTA DEL GENERAL VALLE A ARAMBURU

El 5 de marzo de 1956, el Decreto 4161 del dictador Pedro Eugenio Aramburu establecía: “Queda prohibida la utilización (…) de las imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrinas y obras artísticas (…) pertenecientes o empleados por los individuos representativos u organismos del peronismo. Se considerará especialmente violatoria de esta disposición, la utilización de la fotografía retrato o escultura de los funcionarios peronistas o sus parientes, el escudo y la bandera peronista, el nombre propio del presidente depuesto el de sus parientes las expresiones ‘peronismo’, ‘peronista’, ‘justicialismo’, ‘justicialista’, ‘tercera posición’ la abreviatura ‘PP’, las fechas exaltadas por el régimen depuesto las composiciones musicales  ‘Marcha de los Muchachos Peronista’ y ‘Evita Capitana’ o fragmentos de las mismas y los discursos del presidente depuesto o su esposa o fragmentos de los mismos”. Ya habían secuestrado el cadáver de Evita; asaltado y destruido los sindicatos y sedes partidarias. Era la forma en que los democráticos y libertadores, gobernaban; apenas el inicio.
En la noche del 9 de junio de 1956 el general Juan José Valle encabezó una rebelión cívico-militar con algunos focos de levantamientos en Buenos Aires, La Plata, Rafaela, Rosario y La Pampa. Pretendían que se terminara con dicho gobierno y se convocara a elecciones libres. Pocas horas después concluyó con el control de las autoridades militares. Porque ellas sabían del levantamiento y no lo abortaron. Prefirieron dejarlo en curso, para ejercer una represión (y escarmiento), hasta esos momentos desconocida en el país. El dictador Aramburu se había ausentado de Buenos Aires y dejó firmados los decretos que dispondrían los fusilamientos. El vicepresidente -el marino Isaac Rojas-, envió a negociar con Valle (oculto) a otro uniformado de su confianza: Francisco Paco Manrique. Allí pactaron su entrega y que no existirían muertes. Pero faltaron a sus palabras empeñadas. Lo traicionaron. El 12 de junio de 1956, el general Valle fue fusilado junto a otros 26 argentinos. Susana Valle -hija del general-, pidió clemencia; le dijeron que Aramburu dormía y no podían molestarlo. Antes de morir, Valle redactó la Carta histórica, dirigida a su verdugo (que los multimedios y los escribientes de la historia oficial, prefieren olvidarla):
Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado. Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro que un grupo de marinos y de militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido.
”Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta.
”Así se explica que nos esperaran en los cuarteles, apuntándonos con las ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aun antes de estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra revolución. Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes, escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez más su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos.
”Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen y los besan será para disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años sus víctimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos, bajo el terror constante de ser asesinados. Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones.
”La palabra ‘monstruos’ brota incontenida de cada argentino a cada paso que da.
”Conservo toda mi serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un gran triunfo moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado. Dirán de nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir respeto a las instituciones y templos y personas. En las guarniciones tomadas no sacrificamos un solo hombre de ustedes. Y hubiéramos procedido con todo rigor contra quien atentara contra la vida de Rojas, de Bengoa, de quien fuera. Porque no tenemos alma de verdugos. Sólo buscábamos la justicia y la libertad del 95% de los argentinos, amordazados, sin prensa, sin partido político, sin garantías constitucionales, sin derecho obrero, sin nada. No defendemos la causa de ningún hombre ni de ningún partido.
”Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria. Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes le están imponiendo el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría, y un liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones de nuestro país. Todo el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como tienen ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran terror. Pero inútilmente. Por este método sólo han logrado hacerse aborrecer aquí y en el extranjero. Pero no taparán con mentiras la dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país alineada al servicio de ustedes.
”Como cristiano me presento ante Dios, que murió ajusticiado, perdonando a mis asesinos, y como argentino, derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de todos no sólo de minorías privilegiadas. Espero que el pueblo conozca un día esta carta y la proclama revolucionaria en las que quedan nuestros ideales en forma intergiversable. Así nadie podrá ser embaucado por el cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con que el gobierno trata de cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos sucias en sangre. Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos. Viva la patria. Juan José Valle. Buenos Aires, 12 de junio de 1956”.

Valle había nacido en Buenos Aires en 1896; fue ingeniero militar a los 22 años. Tuvo una brillante carrera militar con variados destinos. Fue fusilado el 12-06-1956 en la Penitenciaría Nacional. El 12-06-2006 por decisión del presidente Néstor Kichner, se le dio el nombre de Tte Gral Juan José Valle a la Escuela de Ingenieros; y una calle de la Ciudad de Buenos Aires lleva su nombre. Donde lo fusilaron, hoy existe el Parque Las Heras, y allí se colocó una placa en su homenaje.
Aramburu nació en Río Cuarto en mayo de 1903; siendo general de la Nación, se sublevó contra el gobierno constitucional en setiembre de 1955 (asume el general Eduardo Lonardi). En noviembre del mismo año da un golpe palaciego y se queda como presidente (1955-58). Designó a Manrique como Jefe de la Casa Militar de la Presidencia (1955-58). Llevó adelante una salvaje política represiva, de persecuciones y de sumisión al exterior (incorporó al país al FMI). En mayo de 1970, Aramburu fue secuestrado y matado por Montoneros.
Manrique nació en Mendoza en 1919; se retiró como capitán de navío en 1960. Fue Ministro de Bienestar Social de la dictadura del general Alejandro Lanusse (1969-71 y 19781-72). En diciembre de 1973 crea el Partido Federal (participa de la elección en fórmula con el vice, el PDP, Martínez Raymonda). Apoyó el golpe y dictadura de marzo de 1976 (78 intendentes pertenecían a su partido). En la elección de octubre de 1983, a la cabeza de su partido, en Ciudad de Buenos Airs y para diputado, designó a Eugenio Aramburu (hijo del dictador). En 1986 el presidente radical Raúl Alfonsín lo nombra al frente de la Secretaría de Turismo. En las elecciones de 1987 integra la lista del radicalismo y es electo diputado nacional. El 12-02-1988 fallece; es velado en el Congreso y Alfonsín decreta un día de duelo nacional.